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irando hacia atrás, dudo muy seriamente
de que hubiera dicho que quería aprender más sobre el Amor,
aunque aceptaba el Amor como sinónimo de Dios. Sin embargo, en
la primera entrevista que me dio, Sathya Sai, mi verdadera madre,
comenzó con la enseñanza que sabía era esencial para mi
crecimiento espiritual. El 16 de diciembre de 1981 me preguntó:
"¿Cuántos hijos tienes?". Cuando respondí:
"Dos, Swami", El me corrigió: "Tienes siete
hijos". Como El se negó a ampliar Su afirmación, tuve que
considerarla por mí misma.
Necesité cinco años de oraciones, de búsquedas, de anhelos vehementes, de estudio, de indagación, antes de que se me revelara el significado de lo expresado por Swami. Echando un vistazo a un ejemplar de la Biblia Acuariana de Jesús, el Cristo, de una amiga, leí: "Siete es el número del todo, incluyendo al hombre". Este descubrimiento "accidental" fue aceptado inmediatamente. Sabía yo que Swami enseñó a Sus devotos a amar todo, pero sencillamente no me había dado cuenta de que era el mensaje que El me había dirigido específicamente a mí.
De modo que ahora lo sabía, pero, ¿podría obedecer? Le escribí pidiéndole que me enseñara a amar e hice importantes esfuerzos. A veces sentía que lo lograba. Otras parecía que estaba tan carente de amor como siempre. En ese tiempo hubo períodos en los que expandir mi capacidad de amar parecía menos importante que otros progresos relativos al carácter que me esforzaba por alcanzar.
Fue en Kodaikanal, en abril de 1992, que el tema fue nuevamente traído a colación por mi amado Señor. Parado en el balcón, mirando hacia donde yo estaba sentada en el piso, preguntó: "¿Cuántos hijos tienes?". Sobresaltada por la pregunta y aún no firmemente apoyada en el sentimiento de amor expandido que Baba buscaba, respondí: "Dos, Swami". El, o bien fingió gran sorpresa, o levantó Sus manos con desesperación, no estoy totalmente segura qué fue, y preguntó acentuando la primera sílaba y prolongando ambas palabras: "¿Solamente dos?".
Por supuesto, esta vez no
tardé cinco años en comprender lo que El quiso decir. Supe
instantáneamente lo que había hecho y por qué. Obviamente, mis
intentos de amar más, no encuadraban a nivel de sentimiento y
cuando se me pidió una respuesta espontánea, todavía sólo
podía alegar que amaba a dos personas completa e
incondicionalmente. Conociendo a Swami como lo conozco ahora
después de algunos años, sabía que El no trataba de
confundirme ni de castigarme. Sólo intentaba mostrarme a mí
misma en una forma que no me podía negar, en una forma que no me
dejaba opción. Si de verdad yo quería lo que decía querer
--liberación de los apegos y de las ilusiones del mundo--
entonces tendría que dejar de intentarlo y comenzar a hacerlo.
Desde aquel momento, establecí como prioridad amar a todos. Al visualizar a cada uno como un hijo de Sai, como una chispa de la Divinidad, empecé realmente a cambiar. No era para nada difícil amar a otros devotos de Baba, amar a mis serviciales y simpáticos vecinos, pero amar a aquellos que no eran amables conmigo, a aquellos que le hacían la guerra a otros, que destruían vidas y hogares, que contaminaban el planeta o que intentaban socavar los esfuerzos dhármicos de otros, eso requería accionar. Al principio tuve que imaginar a cada uno de ellos como mi propio hijo. Debía sentir el amor que yo generosamente concedía a mi propio hijo o a mi propia hija sin considerar sus acciones; luego expandir ese amor hasta incluir al grupo específico cuyo comportamiento amenazaba hacerme sentir menos que amorosa hacia ellos.
Al realizar este ejercicio, aprendí muchas cosas. En cierta ocasión, yo estaba luchando empeñosamente por amar a un grupo que estaba causando dolor y sufrimiento a gente que yo consideraba víctimas inocentes. Tuve éxito. Algunos meses después, sin embargo, los que habían sido víctimas se volvieron agresores y toda la situación se revirtió. Me sentía muy agradecida por haber logrado verlos a todos como hijos de Dios, no precisando así cambiar la lealtad que pudiera haber sentido hacia quienes estaban en "lo justo".
Para aquellos de ustedes que están esforzándose por superar la crítica y la censura de otros, permítanme alentarlos a continuar. Ganarán la batalla y serán más felices de lo que jamás soñaron podrían llegar a ser. Al principio puede que de vez en cuando caigan de nuevo en los viejos hábitos, mas no permitan que eso los detenga. Recuerden que todos están tan cerca de ustedes y les son tan queridos como los propios hijos. Todos somos los hijos del Unico Padre, una inseparable unidad familiar. Amen a todos incluyéndose a ustedes mismos.
Fue el 1 de febrero de 1993, que yo estaba sentada a la izquierda de Swami en el cuarto de entrevistas en Puttaparti. Después de hablar con quien se encontraba a Su derecha, de pronto se volvió hacia mí y me preguntó: "¿Cuántos hijos tienes?". Nuevamente me encontré bajo la presión de tener que responderle rápidamente. Puse la mano sobre el corazón y contesté: "Todos son mis hijos, Swami". Su cara se iluminó con la más maravillosa sonrisa, puro amor fluyendo a raudales del cristalino corazón de Dios. Se volvió hacia el grupo y gozoso exclamó: "¡Lo logró!".
Tomado del libro "La vida es Amor. ¡Disfrútalo!".
Bueno, aquí estamos de nuevo. ¿Qué quiere El significar cuando se dirige a una dama diciéndole "señor"? Mi diccionario dice que "señor" es un término respetuoso usado para dirigirse a un hombre. Estoy segura de que por un lado quiere decir que Swami no reconoce diferencias. El ama a todos por igual, sin consideración de raza, religión, posición social, situación financiera o sexo. Y por Su trato respetuoso, reconoce también que el destinatario es Dios. Cualquiera sea la razón que El tenga, puede llamarme "señor" en cualquier momento. Joy Thomas "Jamás realizo ningún acto que esté desprovisto de significado ni pronuncio palabra alguna que carezca de propósito"Sathya Sai Baba |
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