Sai Baba nos enseña:

Si al buscar la liberación el hombre adora
una miríada de deidades,
no podrá liberarse de la aflicción.

Si destruye su ego,
no tiene necesidad de buscar la liberación,
¡eso será la liberación misma!

l universo fenoménico que percibimos es el producto de las tres cualidades básicas de ese universo: acción, inercia y equilibrio o pureza.

Estas cualidades son el aliento de la vida del cosmos. Son responsables de todo lo que sucede en él. Unicamente por medio del servicio a la Divinidad, el cultivo de la devoción y el desapego, podrá el hombre trascender estas tres cualidades. Para este propósito el hombre debe, a su vez, adquirir otras tres cualidades: ausencia de todos los deseos que atan, excepto por Dios; liberarse de todos los malos pensamientos y sentimientos; y ausencia de preocupación por el futuro, es decir no estar atado a las expectativas.

El hombre ha estado ocupado explorando por todos los medios posibles los infinitos y maravillosos secretos de la naturaleza en esta admirable creación. Pero, debido a los caprichos de su mente, su intelecto y su ego, el hombre ha dejado de entender la base verdadera, eterna, espiritual, que sustenta todo el Universo y se ha perdido en la persecución del mundo fenoménico externo, como si fuera la única realidad. En el proceso ha fallado en entender su propia y auténtica naturaleza, pervirtiendo totalmente su mente.

La sencilla verdad de que TODO está permeado por el UNO se ha perdido de vista.

Con el fin de recordar al hombre este doloroso error, Sri Krishna (Avatar que vivió en la India hace 5.000 años) declaraba en el capítulo 18 del Gita:

"El Señor reside en la región del corazón de todos los seres". Esto quiere decir que si el Señor habita en el corazón de todos, también debe habitar en el de uno mismo. De ahí, que también declara: "Busca refugio en ti mismo". Ello da a entender que cualquier cosa que uno diga o haga, lo dice o hace tan sólo para sí.

Justamente la Bhagavad Gita comienza con la referencia a Dharmakshetra, que es el lugar donde reside el Atma, y Kurushetra, que es el cuerpo, la fuente de todas las acciones. Es la combinación del Atma y el cuerpo lo que explica la difícil situación del ser humano.

Al olvidar el Atma, involucrándose en las exigencias del cuerpo, el ser humano se somete a sufrimientos inacabables. Se preocupa por cosas que no valen la pena y no se preocupa por cosas que lo merecen. Este estado engañoso es el resultado de la identificación con el cuerpo, olvidándose de su inherente divinidad. Si se diera cuenta de que forma parte del Uno, no tendría motivo para sufrir. Se daría cuenta de que la verdad y la bienaventuranza están contenidas en su realidad espiritual.

Cuando el hombre se dé cuenta de que lo Divino lo penetra todo, no habrá lugar para egoísmos codiciosos o separatismos.

El cuerpo es el instrumento para toda acción. Nace como resultado de acciones pasadas. Aquel que reconoce el Espíritu no activo que habita el cuerpo --que es la fuente de toda acción-- se da cuenta de que todo ser es, verdaderamente, una persona emancipada. Sabiendo que lo Divino es omnipresente, no hará daño a nadie y amará a todos por igual.

Lo múltiple ha surgido del Unico. Una sola semilla es el origen de innumerables árboles. El Señor habita en el corazón de todos los seres como semilla. El Señor es la semilla primordial. El cosmos es el gigantesco árbol que nació de él. En este árbol cada país o nación es como una rama.

Los seres humanos son los frutos; en cada fruto el Atma existe como una semilla. El Señor ha asumido todas las múltiples formas en el Universo. Aquellos que saben ver con ojos espirituales, reconocen la divinidad que es común a todas las cosas. Pero aquellos que ven al mundo como una entidad física, quedan atrapados en un sinfín de dificultades. Cada ser humano debería distinguir entre el cuerpo físico y el Espíritu inmanente y buscar la manera de reconocer su propia divinidad inherente.

Ese espíritu divino no tiene nacimiento ni muerte. El cuerpo es sólo una envoltura compuesta de los cinco elementos que el Espíritu ha asumido temporalmente. Sabiendo esto, tiene que cumplir sus obligaciones como ser humano.

Amor por lo divino es devoción. La devoción no es algo objetivo y concreto. Es una experiencia interior que brota del corazón. Así como piensan, así se vuelven. Por eso el corazón debe estar lleno de buenos sentimientos. Los sentidos deben estar ocupados en buenas acciones.

Cuando los ojos están dirigidos hacia Dios, toda la Creación aparece como divina. Si usan los anteojos adecuados, lo ven todo con claridad; pero si esos anteojos no son los correctos, obtienen una visión distorsionada y sus ojos sufren un perjuicio.

Igualmente, si el corazón está lleno de amor a Dios, todos sus sentimientos son santificados por ese amor; los pensamientos indeseables se van perdiendo poco a poco. Los devotos ruegan al Señor que venga a residir en sus puros y tranquilos corazones. Si el corazón es impuro, no hay lugar para Dios. Una conciencia tranquila es la joya más brillante que el hombre pueda tener. Para lograr la paz interior se tienen que someter los deseos y todos los pensamientos deben centrarse en Dios.

No ansíen obtener el mando sobre otros. El servicio verdadero consiste en ayudar a los pobres y desamparados de la sociedad, con humildad y dedicación. Ese es el verdadero servicio dedicado a lo Divino. ¡Prepárense para servir a la gente con Dios en sus corazones y fuerza en sus brazos!

Bhagavan Sri Sathya Sai Baba

 

Hay muchos que declaran habérseme entregado. Proclaman haberse consagrado íntegramente a Mí. Pero aún siguen con su "yo lo hice", "yo lo siento así", "yo creo que sí", "a mí me gusta", "a mí no me gusta", etc. ¡El yo levanta su caperuza para poder recibir homenaje o alabanzas! Ahora bien, ¡es una gran mentira decir que se han entregado! Es pura falsedad. La palabra entrega es una palabra que se tira sin adjudicarle valor o propósito alguno, para engañar a quienes no han profundizado en su autenticidad. ¿Cómo puedes entregar algo sobre lo que no tienes ningún control? Eres esclavo de tu mente, de tus pasiones, de tus prejuicios; sin embargo, te atreves a declarar que has entregado tu mente, tus pensamientos, tus planes ¡a Dios! En tanto luchas por escapar de los rollos de la mente y del total dominio de las pasiones, ¿cómo puedes dedicármelas a Mí? No. No necesitas vanagloriarte de tanta valentía, de tanto sacrificio, de tanta devoción. Ni necesito ni pido tal manifestación. Es suficiente si crees que Dios está en todas partes y en todo momento y que no eres diferente de El. Si tú mismo eres Dios, ¿a quién tienes que entregarle nada? Reflexiona profundamente sobre esto y logra la realización.

Mensajes de Sathya Sai, Vol. VII, Cap. 79.

 

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