La escena ocurre en Buenos Aires y el diálogo resume las infinitas preguntas que se hacen quienes los sábados al mediodía, en Plaza Constitución, Once, Retiro, Congreso, en los canteros de la Avda. 9 de Julio ... los ven llegar, con sus canastos de plástico colmados de bandejitas humeantes, y acercarse a esos hombres, mujeres y chicos de los que todos los que pasan intentan alejarse.
Linyeras, hombres y mujeres sin trabajo ni hogar, ancianos abandonados, chicos de la calle, seres quebrados tanto en lo económico como en lo psicológico, personas sin esperanza ni posibilidad de retorno, los aguardan religiosamente todos los sábados, poco después del mediodía. Saben que no sólo llegarán con esas porciones sino
que los tratarán bien, que no les preguntarán ningún
porqué (a lo sumo un ¿cómo estás?) ni esperarán nada
a cambio por lo que les dan. Se aproximarán y
arrodillarán, si es necesario, hasta ponerse a su misma
altura. Quizá los toquen en el hombro con una mano
mientras la otra les extiende una bandejita. Los mirarán
a los ojos, sin lástima ni reproche, sino con esa
alegría del encuentro que no necesita de palabras para
expresar que entre ellos hay algo
Se sienten bendecidos por estar ahí. Comprenden eso en lo que tanto insiste Sai Baba: desapegarse de la forma del maestro y aprender a verlo en cada uno de quienes nos rodean. Comprenden entonces en la tarea, en el contacto que la noción de karma no alude a ningún futuro ni a otra vida a la que se llega con buenas acciones, sino que radica, sin más, en la oportunidad de poner, instante a instante, el corazón ahí donde hace falta. Ese es el clima con que los viernes por la tarde se comienzan a preparar los alimentos y los sábados por la mañana a cocinarlos; incluso cuando la comida es repartida en potes y ensobrada, la tarea tiene mucho de meditación. Hace cuatro años, cuando empezaron, el servicio preparaba y repartía unas 100 porciones; en la actualidad, superan las 500. Arroz integral, pastas, legumbres, a veces locro, una fruta, pan, sal, una cuchara y una servilleta, van envueltas con el agregado de una frase que devuelve la fe; también se agrega algún espolvoreado de vibuthi. Hoy por hoy, cuando descienden de los autos con los canastos, la gente los espera reunida. Y si se demoran, les preguntan qué les pasó. "Están con hambre". La expresión tiene dos significados: uno para quienes no tienen hambre y otro para los que sí tienen hambre; y cuando esa sensación es crónica, la distancia entre uno y otro significado se agranda. Además de estar hecha con mucho amor, la comida que reparte Narayana Seva es muy rica y la sensación resulta doble: deja a esos muchos que no tienen nada para comer, satisfechos en el estómago y en el corazón.
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