Historias y Parábolas

n Sanyasin cultivaba un huerto lleno de flores y frutas. Pese a ser un Sanyasin había desarrollado un fuerte rasgo de egoísmo, y, tan pronto lo invadió el egoísmo, también hizo su entrada en él la envidia. Cuando ambos aparecen, automáticamente se une a ellos el odio. Dios vio que esta persona que vestía el ropaje de un Sanyasin había llenado su corazón de veneno, y decidió corregirlo por medio de una lección. Dios se disfrazó como un viejo Brahmín y llegó hasta el huerto. Se acercó a un árbol recién plantado y con grandes aspavientos alabó la belleza de ese árbol en particular. Dijo: "¿Quién es la persona responsable del cultivo de este precioso árbol?". El Sanyasin se le acercó y le contestó: "¡Oh, Brahmín! Soy yo el que ha cultivado todo este huerto, no sólo he cuidado de este árbol, sino también de todos los demás. También he arreglado todos estos agradables senderos y he logrado cultivar este hermoso huerto y jardín por mi propio esfuerzo. Solo realizo todos los trabajos, ya que no hay ningún jardinero. Soy yo el que trae el agua, el que pone el abono y mantiene los senderos despejados. Estoy cultivando estas hermosas flores y frutas, y todo ello lo hago para darle alegría a los demás".

Sin decir palabra, el Brahmín se fue. Al poco rato una vaca entró en el jardín. Era tal su debilidad que estaba a punto de desplomarse y destrozar las plantas que quedaban bajo su cuerpo. Al verla, el Sanyasin levantó un palo y se lo lanzó para que el animal no le destrozara sus plantas. Mas, en el momento en que el palo la tocó, el animal se desplomó y murió. El Sanyasin se sintió desesperado, ya que tendría que llevar sobre sí el inmenso pecado de haber matado a una vaca. No mucho tiempo después, retornó al jardín el mismo viejo Brahmín que había estado antes. Tomando el mismo sendero que había tomado la vaca, preguntó, al verla muerta: "¿Quién mató a esta vaca? ¡Quién es la persona que cometió este ultraje!".

Al ver que el Sanyasin no le contestaba de inmediato, el Brahmín le preguntó directamente: "¿Señor, me puedes decir, por favor, quién mató a esta vaca?". El Sanyasin replicó: "Debe haber sido, seguramente, la voluntad del Señor. Si no fuera la voluntad del Señor, ¿podría haber muerto así? A menos que hubiera sido su destino el morir, ¿podría haber caído simplemente como fulminada sólo porque la tocó un pequeño palo?". Tan pronto el Brahmín escuchó esto, le dijo al Sanyasin: "Antes me dijiste que sólo tú eras el responsable de haber cultivado todo este jardín, que tú solo habías plantado todo lo que se ve y habías abierto los senderos. Te estabas reputando por todo lo bueno que sucede aquí, mas por lo que va mal culpas a Dios. Esto no es más que egoísmo y manifestación de envidia. Te achacas a ti mismo lo que le corresponde a Dios". En este punto, el viejo Brahmín, le reveló su identidad y le dijo: "Yo soy el Señor mismo. He descendido para ponerle un punto final a tu egoísmo".

No es posible predecir en qué forma se presentará Dios para corregir a un individuo lleno de egoísmo y envidia. Puede asumir cualquier forma y aparecer en cualquier momento.

Del discurso Divino del 6 de setiembre de 1984

 

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