
| por Howard Murphet |

olin Best, un joven
técnico australiano de Sydney, estaba comenzando a sentir el
vacío de su vida. Trabajaba para una compañía que fabricaba
equipos electrónicos y tenía un puesto bueno y estable.
Aburridamente estable. El círculo social del entretenimiento
mundano que había llenado sus horas libres por unos pocos años
comenzaba a parecerle chato y sin sentido. Sentía la necesidad
de romper el cerco del ordenado círculo hacia algo que fuera
más prometedor en lo espiritual. Así, en base a libros que
lograba conseguir, empezó a estudiar en dos direcciones. Una fue
la técnica de meditación y la otra, la proyección astral o los
viajes extracorporales. No conocía a nadie que pudiera ayudarlo,
por lo que se basaba por completo en el estudio de libros.
Durante varios meses pareció que no obtenía éxito alguno en
sus empeños. Entonces, un buen día, después de casi ocho
meses, logró un adelanto inesperado en la proyección astral. Al
verse fuera de su cuerpo físico, fue tanto lo que se alarmó que
retornó de inmediato a él. Persistió, sin embargo, yendo un
poco más lejos cada vez, hasta que por último, dio directamente
una vuelta al mundo. Esto constituyó una experiencia tan
agradable que comenzó a viajar dando la vuelta al mundo una
segunda y una tercera vez. Durante una de sus giras visitó a sus
padres en Inglaterra, lugar en donde había nacido, pero
parecieron no darse cuenta de su presencia. La meditación,
empero, parecía no llevarlo a parte alguna. Y bien, al menos
había comprobado que la determinación y la perseverancia
podían llevarlo al éxito en la proyección astral, de modo que
una noche decidió hacer el mismo esfuerzo para lograr un avance
en la meditación.
Eran las ocho de la noche, en el año 1972, cuando realizó este desesperado esfuerzo por atravesar el sólido muro de la mente. Se sentó con las piernas cruzadas en el suelo, frente a un espejo de tamaño natural y se concentró en el punto del entrecejo. Por veinte minutos, nada sucedió. Entonces le pasaron varias cosas extrañas a su cuerpo físico. La primera fue una profusa salivación. Cuando ésta se detuvo, comenzaron a correr lágrimas de sus ojos y, a continuación, empezó a sentir un cosquilleo en el cuero cabelludo, como si anduvieran hormigas sobre él y lo mordieran, dijo. La cuarta fue que su imagen desapareció del espejo, siendo reemplazada por algo gris. Algo está pasando --pensó--, me pregunto qué será lo próximo. Una voz extraña cerca suyo, preguntó: "¿Qué quieres que suceda a continuación?".
Algo sorprendido, Colin preguntó:
"¿Quién eres?"
"Un amigo."
"¿Cuál es tu nombre?"
"Pedro."
"Oh --dijo Colin, que había sido educado como cristiano--, Pedro el pescador."
"No --respondió la voz-- él está en un plano diferente."
Después de un silencio, Colin preguntó: "¿Cómo sé que estás aquí en verdad? Esto puede estar sucediendo en mi mente".
"¿Qué hago para probarte que estoy aquí?", preguntó la voz.
Después de pensar por unos instantes, Colin dijo: "Haz que mi habitación huela a rosas".
"¿Eso es todo? --Pedro se rió--. Eso es fácil."
Sin embargo, antes de que le diera la prueba, algo llevó a Colin a preguntar si había alguien en la tierra hoy en día que fuera tan grande o más grande que Jesucristo.
"Sí --contestó Pedro--. Hay uno que es más grande."
"¿Cuál es su nombre?"
"No te lo puedo decir."
"Bien... ¿en dónde está?"
"Tampoco te puedo decir eso."
"¿Por qué?"
"Porque es tu búsqueda."
"¿Mi búsqueda? Y bien, ¿cuándo voy a encontrarlo?"
"En quince años más."
Colin se sintió consternado ante esta declaración. "No puedo esperar tanto tiempo", dijo.
"Bueno, pero es entonces cuando lo encontrarás", respondió Pedro.
Colin no pudo pensar en preguntar algo más, de modo que la voz dijo: "Hablaremos en algún otro momento", y no hubo nada más.
Colin no podía pensar en nada que no fuera acerca de este ser viviente en la tierra, más grande que Jesucristo. No podía esperar quince años. Debía dejar su cuerpo y encontrar a este Ser, en dondequiera que estuviese sobre la tierra. Mas, ¿en qué país podría estar? En India, seguramente. De allí provenían el gran yoga y las enseñanzas espirituales. ¿Para qué esperar quince años? Iría astralmente a la India y lo encontraría.
De modo que, dejando su cuerpo físico
sentado con las piernas cruzadas frente al espejo, estuvo en la
India en un abrir y cerrar de ojos, volando sobre el país y
mirando hacia abajo desde su cuerpo astral. Preguntándose cómo
le sería posible localizar a este gran Ser entre los muchos
millones de habitantes de la India, Colin tuvo una súbita
inspiración. Recordando el halo de luz que había visto en torno
de la cabeza de santos, de Jesús y de la Virgen María, en los
oscurecidos vitrales de las grandes catedrales en Inglaterra,
pensó que este Ser, indudablemente estaría rodeado por una luz
brillante. Fue así que, volando lentamente en su cuerpo astral
por sobre la India, se concentró en encontrar esta luz
brillante.
No pasó mucho tiempo sin que la divisara, más luminosa que las pálidas luces de las calles que comenzaban a encenderse mientras la penumbra se iba extendiendo dulcemente sobre la India. Se fue directamente hacia la luz y dice que en lo que dura un latido del corazón, se encontró parado frente a lo que le pareció ser un templo. La luz estaba adentro, de modo que entró por la pared lateral y se quedó flotando allí, aproximadamente a un metro por encima del suelo.
Relata: "Frente a mí, sentado en un escenario, había un hombre de baja estatura vestido con una túnica anaranjada, con una corona de pelo crespo. Frente a El, sentadas en el suelo, había muchas personas que lo miraban. Noté que las damas estaban a la izquierda y los varones a su derecha, y El miraba hacia ellas. Sin embargo, tan pronto como pasé a través de la pared, volvió su cabeza y me miró directamente. Me invitó a acercarme, pero alguna fuerza me retenía junto al muro, por lo que le dije que no podía ir hacia El. Supe que era el único que podía verme, porque las personas de las líneas delanteras parecían intrigadas por el hecho de que El mirara hacia mí. '¡No puedo acercarme! --le dije--. ¡No puedo moverme!'. Sonrió y volvió su atención hacia la gente sentada en el suelo frente a El. Fue como si se olvidara de mi presencia. De modo que volví a salir a través del muro del templo y decidí volver a casa. Entonces, en fracciones de segundo me encontré de regreso en mi cuerpo, sentado frente al espejo".
Poniéndose de pie medio anquilosado, se sentó en su cama y comenzó a pensar. ¿Había visto al gran Ser de quien había hablado Pedro? Si era así, no hubiera podido acercarse a El. De modo que tal vez Pedro tenía razón acerca de esperar quince años. Mas, ¿cuán real era Pedro? No había producido el aroma de rosas prometido.
Colin fue a la cocina y se preparó una taza de café. Llevándola al dormitorio, casi la deja caer: ¡la habitación estaba llena de un fragante aroma a rosas! Sentado en su cama, sorbiendo el café, pensando en su visita a la India y en la visión del hombrecito de cabellos crespos enfundado en la túnica anaranjada, sintió que una oleada de dicha penetraba en su ser y las lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas. Sabía que había visto al prometido Gran Ser, pero debía esperar quince años antes de poder llegar hasta sus pies.
Hacia fines de la espera de quince años, Colin conoció a una joven llamada Sue, la que tenía intereses similares a los suyos. Intercambiaron libros y discutieron algunos temas espirituales. Un buen día, Colin quería cierto libro y Sue le dijo que podía encontrarlo en una librería en Sydney. Consiguió el libro y lo llevó a su casa, y he aquí lo que sucedió, con sus propias palabras: "Volví unas pocas páginas y ¡oh maravilla!, había una foto de la pequeña figura de cabellera crespa sentada en una silla. Casi se me paró el corazón. Pero ahora sabía su nombre y su dirección".
Poco tiempo después, Colin estaba en Prashanti Nilayam, sentado a los pies de Sathya Sai Baba, viendo desde las líneas del darshan, el Purnachandra que identificó como el templo cuyo muro había atravesado para lograr su primera visión de Sai Baba. Era el año 1987, justo quince años después de que había tratado en vano de venir hasta los pies de Aquel Grande. Su "primer encuentro" no había sido un encuentro real, sino solamente una visión. Ahora, por razones misteriosas más allá del entendimiento humano, era el momento preciso para él de convertirse en un devoto del Señor Sai.
Home | Sumario | Mensaje Divino | Editorial: El Señor llama, el Señor busca, el Señor espera | Sai Baba nos enseña: Hagan del Amor la base de todas sus acciones | Un templo para la curación | Lilas: ¿Que otra ofrenda podia hacerle? | Dialogando con Sai Baba: Dejame que te conduzca | La resurrección de Walter Cowan | Momentos en la vida de Sai Baba: Los actos deben seguir a las palabras | Caminar por las calles de Puttaparti: Una experiencia devocional | Cada uno tiene su tiempo | Historias y Parábolas: Dios se manifiesta en cualquier forma y momento