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uestra conducta es el resultado del devenir de
nuestro acontecer humano, la suma de causas cuyas consecuencias
se dan de un modo irrevocable. Sólo nosotros nos condenamos a
una conducta determinada y lo hacemos con los actos que
emprendemos en un tiempo anterior. Nuestra conducta futura está
en la naturaleza de nuestro proceder de hoy.
Al evaluar con justeza y sabiduría este proceder, Dios enuncia sin error la conducta futura. Jesús no transformó en traidor a Judas al predecir su defección, sólo hizo el anuncio de lo que ocurriría, que era la única forma en que ese discípulo, en virtud de su naturaleza, podía responder.
Si cada vez que vemos un mendigo decimos "seguro que me pide algo" ¿lo estamos condenando de antemano a pedirnos algo? Si él lo hace, es porque hacerlo está en el rango de sus hábitos de vida. Nuestro conocimiento de esos hábitos es lo que nos permite enunciar su conducta casi sin márgenes de error. Del mismo modo, el Supremo conoce nuestras respuestas, sin que eso nos obligue a asumirlas.
Nosotros también conocemos nuestras respuestas. En lo profundo sabemos cuál será la conducta probable que adoptaremos ante los estímulos del vivir cotidiano.
Pero sabemos que podemos cambiar. Sin embargo, no cambiamos y cedemos una y otra vez a los sentidos, postergando así la llegada de ese momento a partir del cual comenzamos a cambiar. Cada uno de nosotros conoce lo que hará, sabe de sus enojos por los mismos motivos, de sus frustraciones por las mismas pérdidas, de la rabia consigo mismo por reincidir en los celos, la envidia, la amargura... Sabemos más de lo que argumentamos conocer. ¿Y qué nos pasa con la entrega a Swami? ¿Cuándo vamos a elegir esa conducta?
La fe es el abono de la fe. Swami está dispuesto a darse entero a todos sus devotos. A cada uno le promete lo mismo y para cada uno reserva un tesoro completo. Pero necesitamos desearlo. Si ansiamos recibir los dones que El nos destina, necesitamos abrir nuestras manos y nuestro corazón. Todos los devotos sabemos que Swami siempre perdona. Hemos comprobado que Su Gracia llega al instante siguiente de haber cometido una falta si pronunciamos Su nombre con arrepentimiento, aun cuando hubiésemos reincidido cientos de veces en el mismo error. Baba no es vengativo ni castiga: otorga el perdón a quien lo pide con voz sincera y a quien busca en Su Amor el consuelo al dolor de haberse equivocado. Pero necesita que cada uno de nosotros primero se abra a El.
Algunos se preguntan: ¿Cómo he de abrirme si nunca tuve ocasión de sentir Su presencia?
Este es, precisamente, el hecho por el cual no Lo encuentran. Cuando nos abrimos , el Señor se da y resulta tan próximo que todo en cada uno se modifica.
El Señor llama, el Señor busca, el Señor espera. El sabe, pero comprende tanto que a todos nos otorga tiempo para que concretemos la transformación que ha de llevarnos a la dicha. Nada será forzado, todo se llevará a cabo con amor.
Se acercan tiempos de definiciones importantes, tiempos en los que será preciso delinear una ruta que, una vez elegida, ya no será posible abandonar. Para esto se requiere coraje y el mayor de todos es tomar la decisión de creer en las palabras de Sai Baba, aun cuando en lo externo nada muestre que esto es cierto.
Esta fe es imprescindible para la tarea que Swami vislumbra. El decide los tiempos de Su manifestación. Aquellos que crean serán recompensados con Su gracia.
Equipo Editorial
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