por Isaac Tigrett

 

Con estas palabras

definía Sai Baba a

los Hard Rock Café.

En esta primera nota

Isaac Tigrett, el

creador de esa

cadena internacional

de bares, cuenta el

comienzo de su

historia como

instrumento de la

Voluntad Divina.

ealmente no sé qué les voy a decir hoy ni de qué les hablaré. Solo sé que estoy nervioso y que anoté unas cuentas cosas cuando venía para aquí. Lo mismo que me pasa ahora, me pasó toda vez que debí hablar en público.

Hace unos años, integré un grupo de las Naciones Unidas que se reunió en Moscú: la Organización de Líderes Espirituales para la Supervivencia Humana. Entre los numerosos invitados, había dirigentes, líderes espirituales, científicos y académicos del nivel del Dalai Lama, la Madre Teresa, el entonces primer ministro Gorvachov.

Antes de partir hacia Rusia, cuando pedí permiso a Swami para asistir, El me dijo: "Sí, tú vas a ir, pero hablarás". En ese momento no entendí lo que realmente me estaba diciendo, puesto que yo no figuraba en el programa de oradores, y había personalidades mucho más capacitadas que yo para exponer.

Ya había transcurrido una semana en el encuentro, cuando Sai Baba me dijo: "No quiero que te pases como siempre corriendo de un lado a otro, tratando de organizar a todo el mundo. Quiero que te quedes ahí y estés listo para hablar".

La única manera de interpretar eso era que yo probablemente encontraría alguien en la conferencia que me pediría que hablara. Y que El me usaría como instrumento para comunicar Su mensaje a los demás. Entonces me retiré a mi cuarto a meditar y no salí a recorrer, como usualmente hacía. Tal como estaba previsto, a su debido momento y a su turno, los conferencistas hablaban y la conferencia seguía su ritmo dinámico. Antes de que finalizara la ceremonia, el Jefe de la Organización se me acercó y dijo: "Isaac, queremos que Usted hable". "¿Cuándo?", pregunté. "Ahora".

Yo estaba tan aterrorizado como lo estoy aquí, ante ustedes. Excepto por algunas pequeñas notas que había tomado en la habitación, no sabía qué diría.

Me paré delante de la enorme masa de personas y de la audiencia global (ya que estaban transmitiendo el acto por satélite a todo el mundo) y dejé que Swami pronunciara a través de mí un discurso sobre el amor, espléndido y milagroso como todo lo que dice cada vez que se refiere a ese tema.

Pero lo más llamativo y gracioso es que un año después, en el ashram, ante muchas personas, Swami contó cómo dio esa conferencia sobre el amor por intermedio de mi persona. También recordó que yo estaba muy nervioso al principio y cómo me había transformado hacia el final.

A esa altura de mi vida, yo ya estaba familiarizado con Sus maravillas. Pero no ocurría lo mismo en mis comienzos, cuando yo asomaba al mundo.

A los 15 años, mis padres se separaron y yo seguí los pasos de mi padre, que se mudó a Londres. Por un tiempo lo acompañé al frente de un negocio, pero al ver cómo eran tratados los empleados, encabecé una huelga. ¡Una huelga contra mi propio padre!

El resultado fue que me despidió y debí arreglármelas solo. Necesitaba trabajar y, al mismo tiempo, hacer algo acorde con mis principios. A los 19 abrí un bar. La idea era un lugar donde pasarla bien pero también donde no se negara un plato de sopa caliente a nadie, ni se impidiera la entrada a nadie, no se discriminara por origen o color de piel y se pusieran en práctica actitudes humanitarias. La búsqueda de armonía, el cuidado y la consideración por los demás no eran aspectos que muchos empresarios tuvieran en cuenta durante los años 60. En aquella época, yo era devoto de Jimmi Hendrix, Led Zeppelin y otros rockeros. Entre las fotos de los principales ídolos, en el Hard Rock Café había un lugar destacado para un cuadro con apenas seis palabras --"Amen a todos, sirvan a todos"-- y una firma desconocida para la mayoría de los asistentes.

Yo no era una persona muy bien aceptada en el mundillo de los buscadores espirituales. Mi nombre se asociaba más al ambiente pesado que a la devoción.

Incluso cuando viajaba al ashram de Sai Baba, en Puttaparti, Swami me ignoraba. Durante 16 años no me ofreció ningún tipo de acercamiento físico ni contacto directo.

 

Hoy creo comprender el porqué: Swami no solo quería que yo me diera cuenta de que El había bendecido el negocio con un éxito mucho mayor del que pude haber soñado sino también que advirtiera que todos obramos según Su voluntad divina.

Al principio dudaba de que Sai pudiera estar en un lugar como en el que yo estaba y utilizar como instrumento a alguien como yo. Durante muchos años, eso me confundía. Después, cuando por fin me llamó y fue tan bondadoso conmigo al concederme mucho tiempo, se corroboró lo que intuía: el verdadero dueño del Hard Rock Café era El, no yo. Hasta cuando me decidí a desligarme de la cadena de bares y de la marca y logré unos cuantos millones de dólares más de los que esperaba, él me estaba mandando una señal clara: la operación se realizó por ciento ocho millones.

Las palabras de Swami, entonces, fueron una antorcha de luz: "El Hard Rock Café era un destello de luz en un mar de oscuridad".

-- El relato de Isaac Tigrett continúa en
Sai Baba Magazine Nº 6

 

Quién es Tigrett

Por más modestia con que Isaac Tigrett acostumbre presentarse en sus charlas, todas las personas de la Organización Sai Baba conocen --al menos por referencias-- la magnitud de su devoción, su proceso de transformación y, fundamentalmente, la obra que hizo junto a Sai Baba. Cualquiera que haya visto el Hospital de Superespecialidades sabe que no sólo hay pocos con ese nivel de excelencia en toda la tierra, sino que haberlo planificado, organizado y construido ahí, en Puttaparti, sólo puede ser hecho por alguien elegido por Dios como su instrumento.

Primero, a través de su Fundación Rama, Isaac se encargó de reunir a los arquitectos y grandes aportes de dólares. Luego, coordinó las tareas de estos arquitectos con un grupo constructor de la India. A medida que el hospital fue desarrollándose, Tigrett tuvo la responsabilidad de conseguir el equipo médico, principalmente de Estados Unidos y Europa y llevarlo a ese pequeño pueblito del sur de la India. Y ahí poner en funcionamiento el más avanzado y sofisticado instrumental que se puede conseguir hoy para cada especialidad.

Isaac Tigrett nació en Jackson, un pueblito de Tennessee, Estados Unidos, hace poco más de 50 años.

 

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