"Hace veinticuatro
años que dejé el
clero diocesano y
doce que conozco a
Sai Baba. Cada día que
pasa, el mensaje de
servicio y amor de
Jesús se me hace más
presente."
por Ernesto Massin

"De nada les va a servir ir a misa a desfilar modelos si olvidan que los hermanos que más sufren son los que están en el cordón de la ciudad."

Al mismo tiempo que repito esto a los fieles como sacerdote, como ser humano voy descubriendo que el mensaje de Jesús está dirigido, de una manera muy especial, hacia el amor… pero al amor hecho servicio, no a un amor de palabra. Que el amor de oración o de participación litúrgica "necesita" amor de servicio. Más que la frecuencia de los sacramentos, en la realización cuenta el grado de servicio al cual cada persona se dedica.

Jesús decía: "Cuando tuve hambre me diste de comer, cuando tuve sed me diste de beber, cuando estuve enfermo me curaste, cuando estuve preso me visitaste, cuando fui peregrino me diste posada, cuando fui ignorante me enseñaste, cuando estuve triste me consolaste."

Comprender este mensaje es mi piedra de toque y lo que me decide en mi juventud a tomar, cada vez más en serio, la misión sacerdotal: ayudar a los más necesitados, independientemente del ámbito que contuviera esa ayuda. En esa época, viajo frecuentemente a Estados Unidos, Alemania, Francia, Bélgica, Italia y otros países en busca de ayuda para poder cumplir con un plan: dar casa a los que no tienen.

En Canadá nos donan una fábrica de bloques y en ella comenzamos a hacerlos para levantar viviendas bajo el lema "Ayuda mutua y esfuerzo propio". En 1967, en los barrios más carenciados de Vera, Provincia de Santa Fe, donde ejerzo mi sacerdocio, ponemos en marcha ese plan.

Al poco tiempo, varios colegas y allegados a la parroquia comienzan a mostrarse en desacuerdo. Critican que me dedique más a lo material, a lo temporal y a lo social que a lo espiritual, sin comprender que todo cuanto hacemos en la dimensión concreta pide estar animado por lo espiritual. No comprenden que el famoso "Ama a tu prójimo como a ti mismo", en el fondo quiere decir "Ama a tu prójimo porque eres tú mismo".

Lógicamente, esto me lleva a plantearme seriamente la situación: qué hacer de ahora en más si estoy convencido de que la misión que asumo es servir. Si quiero seguir aquello que brota de mi corazón y de mi convencimiento profundo no me queda opción: debo dejar de pertenecer a la organización eclesiástica y buscar otro camino. Esto significa, a los 45 años, comenzar nuevamente de cero.

Además de ese olvido del clero diocesano, en los 20 años de sacerdote voy descubriendo otro contenido desplazado por los cristianos a partir del siglo V o VI: la doctrina de la reencarnación.

EL SALTO

En marzo del ’73 consigo el permiso del Papa Pablo VI para ser dispensado del celibato. La Providencia pone en mi camino a Albina, una visitadora social de la parroquia que se caracteriza por su manera de conocer lo que ocurre en cada rancho. No sólo llena planillas de carencias: Albina escucha, aconseja, resuelve.

Después de casarnos, decidimos continuar nuestros estudios y búsquedas en Buenos Aires. Vivimos sobre la Avenida Corrientes, entre Talcahuano y Uruguay, el barrio de las librerías. Libro especial que encontramos, libro que compramos. Pensamos antes en los libros que en comer. Asistimos a cuanta reunión espiritual aparece; después cercenamos, analizamos, esto vale, esto no. Así seguimos adelante.

Trece años después, ya hemos llegado a la conclusión sobre cuál es nuestra creencia: no estar atados a ninguna religión y creer, como decimos, en la religión cósmica, en el Uno, en el Absoluto, en la Universalidad, en la presencia de Dios en el Todo, no sólo en liturgias o cosas externas.

En eso estamos cuando un hombre que publica libros con mensajes de otras dimensiones le dice a Albina: "‘Lee este libro’, ‘Sai Baba, hombre y Avatar’". Primero nos choca su foto, después leemos párrafos aislados. Como no nos parece creíble lo que cuenta y tenemos mucho para leer, queda en un estante.

Dios es el que nos encuentra, no nosotros a El. Sai Baba nos "persigue" a través de infinidad de señales y vericuetos hasta volver a encontrarnos. Una tarde en que Albina consigue un turno para que el doctor Roberto Crottogini atienda a su padre, ve en el consultorio una foto dedicada. "¿No me diga que usted lo conoce?", le pregunta. El médico le extiende la mano y responde con toda naturalidad: "Este anillo me lo materializó El".

Albina se desarma. Llega a casa y lo primero que hace es buscar el libro traspapelado. Lo que sabemos que nos falta, lo buscado con ansiedad, con sed, está ahí. En esas páginas, Sai Baba explica la creencia, la actitud religiosa de cada ser, el despertar espiritual, todo. Empezamos a leer y al día siguiente compramos otro y otro y otro libro suyo.

Le digo a Albina: Si un ser en la Tierra enseña semejante cosa y eso coincide con Jesús y con lo que trabajamos durante trece años, debemos conocerlo. En octubre ya hemos tomado la determinación, y el 28 de enero de 1986 ya estamos rumbo a Puttaparti.

 

EN EL ASHRAM

Desde que llegamos, lo que sobrevive de mis dogmas y creencias empieza a derrumbarse. Todo es reenfocar la cosa. La primera vez que estoy frente a El, mi mente ve detrás suyo una serie ininterrumpida de imágenes que se pierden a lo lejos, pero que terminan en el pesebre de Belén. Dos mil años se me unen en un solo instante. Considero a Baba como la última edición de Jesús.

Entonces todavía veo y no tengo idea de que muy poco después quedaré ciego. En el primer darshan que asisto, Baba toma otro camino y eso me produce una desazón enorme. Me digo: Hicimos un camino tan largo, con tanto esfuerzo… si en los treinta días que estaremos no logramos tener una entrevista, ¡qué desilusión! Me acuesto con esa amargura.

Al amanecer sueño que estoy con Albina, y Baba, sonriente, viene hacia nosotros y nos dice: "¡No saben cuánto hace que los estoy esperando!". Despertarme y sentir esa alegría es inenarrable. Como sentirse todo uno. Desde ese momento, ya no me importa si me habla o no. Así, día a día, me voy acercando más a Sai Baba y Su imagen se me une cada vez más a la de Jesús. Todos mis dogmas como sacerdote operan en mí una revolución tremenda; siento necesidad de pasar todo en limpio.

Antes de volver, en la segunda entrevista que nos concede, le pregunto: ¿Cuándo iremos a la Patagonia para trabajar con los mapuches? "Next year", responde.

LA VISIÓN

En octubre del año siguiente viajamos de nuevo porque mi ojo derecho no ve nada y el izquierdo apenas el 2%. La ciencia ha dado su última palabra. Yo pienso que si Sai Baba lo desea, puede hacer que vuelva a ver.

En el primer darshan, yo tengo lista una carta para pedirle la recuperación de mi vista. El da su recorrida, pero no llega a donde estoy. El primer día, en ninguno de los cuatro darshan, nada. Lo mismo en el segundo día. Me (o le) pregunto por qué y en mi interior me veo como una masilla que todavía tiene grumos y a la que El soba sin cesar, como si la estuviera preparando.

Desde la anterior visita sé que Baba me pide una Gran Prueba. Todavía ignoro de qué se trata. Ni lo sospecho. Debo jugarme, depende de mí. Sí o no. En ese momento, algo en mí dice Sí.

Entonces, en los darshan, cuando Baba no me lleva el apunte, me acuerdo de aquello de que más vale entrar al reino de los cielos con un ojo, un brazo y una pierna, que con dos ojos, dos brazos y dos piernas… y perder la Vida Eterna. Hay que tirarse al agua Ernesto, me digo. Le pido a Albina que rompa la carta y escriba otra. "Quiero que en esta encarnación, Baba, me otorgues tu visión espiritual a cambio de la física. Si no aprovecho esta encarnación, ¿cuándo? Qué importan cinco, diez, quince años de ceguera si al final uno puede dar un paso más…"

Internamente, Albina se resiste a escribir lo que quiero. Se dice a sí misma: si no pongo lo que Ernesto pide, él nunca se va a enterar, pero ésa no es la lealtad que tenemos entre nosotros. Escribe punto por punto lo que le dicto, orando: Baba, no le hagas caso, no le hagas caso…

Cuando alcanzo a ver a trasluz la silueta de Baba delante de mí, saco tímidamente la carta y se la extiendo. Baba da unos pasos, se me acerca y dice: "Esto es lo que yo estaba esperando."

Cuando Albina ve que me toma la carta y después, cuando Baba desanda el camino, vuelve a pasar delante de ella y, sonriendo, le dice: "Sí". Albina se queda contenta y se larga a llorar con la angustia de tantos meses y tantos miedos acumulados. Lloran todos los que están a su alrededor. Piensa que voy a recuperar la vista.

Pero cada día veo menos, menos, menos, nada. A Albina le lleva tiempo entender que ese sí de Baba significa que acepta lo que dice la carta.

"Trece años después, ya hemos llegado a la conclusión sobre cuál es nuestra creencia: no estar atados a ninguna religión y creer, como decimos, en la religión cósmica, en el Uno, en el Absoluto, en la Universalidad, en la presencia de Dios en el Todo, no sólo en liturgias o cosas externas."

 

UNA VIDA NUEVA

De ser una persona muy activa, emprendedora, organizadora, un día me vuelvo totalmente prisionero de la oscuridad, dependiente de Albina para todo. Debo iniciar una nueva etapa a través de la mente, del intelecto, de la imaginación y del corazón. Iniciar otro sistema de vida. Entrar en otra dimensión de trabajo y aceptarlo. Lo acepto gracias a la gracia y el amor de Swami que ya es muy fuerte.

Antes de volver a Argentina, le pregunto con el pensamiento: Baba, ¿tenemos que ir a Santa Fe o debemos quedarnos en Buenos Aires y desarrollar los proyectos que tenemos con varios amigos? Baba: te pido una de estas tres señales, si tenemos que ir a Santa Fe cuando sales al darshan, le hablas a Albina, o al pasar me hablas a mí, o llamas a los argentinos a entrevista. Cinco minutos después, Baba sale y en vez de comenzar por el lado de las mujeres, sale al cruce hacia la mitad, adonde está Albina, en primera fila, y le dice "¡Goooou!".

Si hoy Baba me ofrece recuperar la vista a cambio de retroceder en lo que siento haber crecido espiritualmente durante los últimos diez años, no lo dudo: le pido que me deje ciego. Por cuanto la virtud se perfecciona en la adversidad y el oro se purifica en el crisol.

En ningún momento dudo de Su protección y de Su Amor Infinito: estoy convencido de que he estado y estoy ante el Cristo Cósmico.

 

El Servidor y el Servido son Uno


En idioma aborigen, Noccan Kani quiere decir Yo Soy. Para los devotos, la Organización y la Fundación Sai Baba de Argentina, la expresión remite a una experiencia de servicio que crece junto a una de las comunidades más castigadas por el progreso: la de los indios mocovíes que viven en los bordes de la ciudad de Santa Fe.

Los días de semana parece una casita cerrada. A pocos metros se levanta un salón, todavía a medio construir y sin techo. Pero sábados y domingos, el lugar se llena de vida: algunos hombres hacen mezcla, algunos chicos acarrean ladrillos, otros arena; hay mujeres que ensamblan retazos de telas mientras otras cocinan, otras que clasifican ropa, cuidan los pinos más débiles o platican sobre lo que las afecta. Casi ochenta chicos, cincuenta mujeres y veinte hombres están en alguna actividad grupal. No todos vienen de la comunidad mocoví que bordea al lugar. Entre ellos, trabajando a la par, hay personas llegadas desde Santa Fe, Paraná, Rafaela, San Justo y otras ciudades de la provincia, y desde Buenos Aires, Mar del Plata, Misiones… Estamos en la vecindad de Recreo, 20 km al norte de la ciudad de Santa Fe, más precisamente, en Noccan Kani (Yo Soy), el lugar de educación y servicio que impulsa el Centro Sai Baba de Santa Fe.

 

LASTRES

Cuenta el ex sacerdote Ernesto Massin, junto a su esposa Albina: "Por debajo del entusiasmo que traen, los mocovíes conservan heridas en su alma." "Generación tras generación, los aborígenes fueron perdiendo no sólo sus tierras, sino también su identidad. Cuando se refieren a la sociedad blanca, muchos todavía dicen ‘el gente’. Algunos padres se negaban a transmitir la lengua a sus hijos para que ésta no los segregue. Muchos chicos, cuando veían una película de "cowboys" hinchaban por éstos… Como ocurre en la India con las castas inferiores, en la escala de mano de obra explotada, los aborígenes están por debajo de los criollos y de los inmigrantes de los países vecinos."

Como los descendientes de muchas otras tribus litoraleñas, los mocovíes bajan a los cinturones de las grandes urbes corridos por el hambre, en busca de trabajo. Puntualiza Ernesto: "En los campos de frutihorticultura que alimentan a Santa Fe, ‘las quintas’, como les decimos, hombres y a veces familias enteras trabajan seis días y medio por semana".

DEVOLUCIONES

Conocedor de esas dificultades por haberse criado en un Hogar y luego desempeñar tarea eclesiástica en las cercanías ("En Reconquista: re conquista", subraya, sin ironías), Ernesto encuentra el punto de encuentro entre su deseo de "devolverles" lo que es de ellos, recién hace cinco años, en un encuentro de la Organización realizado durante La Semana Santa. En él, se plantea la necesidad de "tener un lugar donde reunirnos para realizar encuentros y tareas de servicio".

Alberto Vasconcelos, que asiste junto a Palma, les promete: "Si ustedes consiguen el terreno, les garantizo el apoyo de la Fundación".

Habitual lila de Baba, un devoto, que hasta poco antes había coordinado las actividades del centro local, les ofreció una hectárea pegada a la comunidad mocoví.

El coordinador de Noccan Kani, Mariano Casares, 24 años, a punto de recibirse de contador, memora: "Al principio les costaba entender que lo hacíamos gratis y veníamos hasta aquí con la idea de hacer algo juntos. Desde que llegamos, nuestro objetivo fue potenciar sus habilidades. Si bien repartimos entre ellos las ropas que nos donan, es increíble la fuerza que tomó el grupo de las costureras y tejedoras desde que tienen la posibilidad de hacer cosas útiles".

Hasta hace poco, era común ver a las mujeres el fin de semana en los patios de su casa, aburridas. Este año, en muchas de sus camas ya hay cobertores patchworks realizados por sus propias manos. El próximo año, cuando el salón esté terminado, toda la planta alta, de 10 por 20 metros, estará dedicada a la costura.

En la planta baja habrá otros talleres, como de computación (realizado con componentes descartados que pueden ser reensamblados), de uso de electrodomésticos, de educación práctica para adultos, leyes laborales, etc.

Para Mariano, el trabajo ahí es como su tesis doctoral. Explica: "Ser pobre no es alguien que tiene pocas cosas, sino alguien a quien le faltan muchas cosas. Tomar contacto con esas necesidades, con las limitaciones y falta de oportunidades de estas familias, permite abarcar la totalidad y prever mejor las consecuencias de todo crecimiento capitalista. Te enseña básicamente a agradecer y valorar lo que tenés. Por eso creo que todos los estudiantes de Ciencias Económicas deberían hacer una residencia junto a los más carenciados".

Manuel Troncoso, el "referente natural de la comunidad", entiende la transición que vive la comunidad y diferencia entre paternalismo y fraternidad. Abandona un piso que está haciendo para la escuela y dice: "Cuando nos organizamos como comunidad, el objetivo fue redescubrirnos a nosotros mismos, no como aborígenes marginados, sino como parte de la sociedad. Nos agrupamos en una Asociación Civil para ordenar nuestros pasos. Más que la gente de la ciudad o del gobierno hagan caridad con nosotros, nosotros apreciamos que nos ayuden a recuperar nuestro lugar".

 

POTENCIARLOS

La escuela del barrio, bilingüe, se llama Konkaia (Somos hermanos). Su director, Víctor Luna, también tiene claro su rol. "Más que darles información tratamos primero de formarlos como personas: formarlos para que se desidentifiquen con el aborigen perseguido y puedan integrarse mejor a la sociedad".

Casi todas las personas de la Organización Sai Baba que acuden a Noccan Kani, día a día, comprueban que el Programa de Valores Humanos es naturalmente compatible con la esencia de los mocovíes. Luna lo confirma: "Piensan en términos de familias, de grupos, no de individualidades. Su valor básico es la solidaridad".

Desde febrero último, cuando con el pretexto de hacer un diagnóstico sanitario y ofrecer un servicio médico una vez por mes por parte del doctor Juan Carlos Valori el centro se abrió a la comunidad y compartió una tarde de cantos con muchos devotos llegados de todo el país, los mocovíes tomaron posesión del lugar y del espíritu del proyecto. No sólo para asistir y trabajar más en el centro, sino en la actitud de querer dignificar sus propias vidas. María Rosa Marcón, una devota muy activa, arriesga una síntesis de ese avance: "Los quinteros ahora los contratan mejor, han incorporado las verduras a su alimentación, reciben prevención y atención médica, el barrio tiene luces, las calles están abovedadas, sus casas son de material y la Municipalidad también está construyendo viviendas para ser sorteadas entre ellos". Ráfagas de esa dignidad recuperada están en los ojos de María Cristina, Mercedes y Adelina, cuando muestran las colchas que han terminado.

En los ojos de María Rosa, como en los de Pini Barros, Julio Actis, Gabriel Monje y muchos de los devotos que asisten a Noccan Kani brilla también otra comprobación: que entre servidor y servido no hay diferencia real.

 

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