por Palma Vasconcelos
Durante muchos años, las claras y amorosas enseñanzas de mi amado Gurudeva Paramahansa Yogananda habían echado hondas raíces en mi corazón, despertando mi anhelo por el dulce Amor Divino.
Largos años de dolorosas pruebas hicieron agigantarse más y más la angustiosa necesidad por la Divina Madre. Cuanto más arreciaban las pruebas sobre mí, más clamaba en grito sin voz y en llanto silencioso por la presencia del Amor Divino.

uando escuché el Nombre de Sathya Sai Baba y Sus Divinos Milagros, un destello de luz y esperanza floreció en mi alma y oré… oré… oré… a lo largo de días interminables cargados de ansiosas esperanzas y angustiosos temores. ¡Oh, mi Madre Divina, yo Te pido, Te ruego, Te suplico, me concedas la Gracia de Tu infinito Amor!, fue la constante oración de mi corazón, hasta llegar a La Divina Presencia de Sathya Sai Baba.

Llegamos a Prashanti Nilayam (La Morada de la Paz Suprema) en los primeros días de febrero de 1984. El 12 del mismo mes nos concedió la entrevista tan ansiada por este peregrino, agobiado, desecho, sediento, hambriento de amor de interminables vidas. Todo comenzó a desarrollarse según lo previsto, de acuerdo con el decir de algunos devotos con experiencia anterior.

Preguntas a cada uno sobre su salud y sus seres queridos, materializaciones que arrancaban gritos de admiración y alegría, lo que llevó a que Esta imagen tangible, luminosa, trasmutante, silenciara con Su Dedo tanta algarabía de Sus niños impactados de ilusión y fantasía.

Su dulce Voz desgranaba como perlas la diversidad de Sus cálidas y sublimes Enseñanzas.

Sugerencias amorosas surgían incesantemente de la Fuente inagotable de su Omnisciencia y Omnipotencia.

Todo fluía como fuente de agua clara para la sed por tanto tiempo acumulada. Un torrente de Gracia y Sabiduría llegaba a las mentes, ojos y almas de todos los que teníamos el raro privilegio de ser receptores de Esta Maravilla Divina. Pero… ¿y mi amor? ¿y Tu Amor? Sollozos incontenibles desbordaron mi ser al sentirme abandonada en ese mar de euforia, tan distante de lo que mi alma necesitaba.

Y se hizo el milagro. Mi Divina Madre comenzó a hablarme: "¿Por qué lloras?", preguntó el dulce Amor Divino. "Porque me has abandonado", respondí deshecha en llanto; "Es tu mente que te hace creer eso", me contestó.

"Desde que nací Te Busqué por todos los caminos", seguí clamando al Amor Hecho Realidad.

"¿Por qué Me Buscabas?", preguntó la Amorosa Voz. "¡Porque Te necesito!", contesté sollozando, rotas las compuertas del dique del amor. "¡Yo Te Necesito!". "Tú Me Amas y Yo te Amo", dijo envolviéndose en Su infinito Amor.

¡Oh Amorosa y bien Amada Madre Eterna!

El dolor y la búsqueda de muchas vidas se ha disuelto en un instante.

¡Oh Dulce Amor Eterno! Tu Voz Celestial repiquetea siempre en mi corazón como el tañir de las campanas en constante oración.

¡Oh Divino sueño hecho Realidad! ¡Oh Divino Escultor! que con golpes de cincel vas moldeando nuestras almas. Tu Magia Celestial ha hecho de mi corazón un canto permanente de infinito Amor Divino.

Gracias… Gracias… mil Gracias por la Gracia de Tu infinito Amor Divino.

A Tus Divinos Pies de Loto.

 

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