Las reflexiones de Arjuna ante sus
hermanos Pandavas acerca de la muerte

del Señor Krishna, llevan a nuestra
propia reflexión.

emos las circunstancias exteriores, los procesos resultantes en el hecho final y en nuestra ignorancia creemos que este conjunto de causas produjo tales efectos. Nosotros adivinamos la naturaleza de las emociones y sentimientos de acuerdo con lo que podemos apreciar en los acontecimientos. Pero las circunstancias, sucesos, emociones y sentimientos son simplemente 'instrumentos' en las manos del Señor, que sirven para los propósitos de su voluntad. Cuando el momento llega, Él los utiliza para su plan y trae la guerra que Él ha deseado. Él es la encarnación del tiempo; ha venido como el maestro del tiempo y después de hacer llegar el punto culminante del plan, termina el drama. Aquello que trae el nacimiento también ocasiona la muerte. Él encuentra la razón para ambos en el mismo grado. ¿Buscamos nosotros la razón de por qué hay nacimiento? Entonces, ¿por qué tratar de conocer el porqué de la muerte? Esto sucede, esto es suficiente; buscar su razón es una ocupación inútil. Él hace que los seres engendren otros seres. Él provoca que los seres acaben con otros seres. Los cuerpos nacen y mueren. No sucede ninguna otra cosa más importante al nacer o morir. Esto nos fue enseñado con frecuencia por Vasudeva. Entonces, ¿por qué debemos dudar o desviarnos del firme ánimo que Él siempre buscó otorgarnos? Ustedes podrán decir que esto no es justo, que aquel que es la causa de nuestro nacimiento debería ser quien termine nuestra vida. Entre el nacimiento y la muerte el hombre también tiene alguna capacidad para ganar mérito y demérito, y esto tiene alguna influencia en el curso de los hechos. Dentro de estos límites, el Señor juega con la vida y la muerte.

El nacimiento y la muerte son dos grandes arrecifes entre los cuales fluye el río de la vida. La fuerza de la fe del Alma es el puente que cruza el abismo. A quienes han desarrollado esa fuerza y fe, las crecientes no los perturban. Con la Energía del Alma como soporte de seguridad pueden enfrentarse valerosamente todos los peligros y alcanzar la otra orilla. ¡Oh, rey! Todo esto no es sino la gran obra de marionetas del Maestro Director. Los Yadavas ahora, al igual que los Kauravas ayer, no tenían individualidad propia, no tiene sentido culpar a unos o a otros. ¿Puede este cuerpo material, compuesto de los cinco elementos, tierra, agua, fuego, aire y éter, moverse o actuar sin sus deseos? No, esto es su diversión. Él causa el nacimiento de alguien a través de otro y produce que alguien muera a través de otro. O, ¿de qué otra manera se puede explicar el hecho de que una serpiente ponga huevos, los caliente hasta que salgan sus crías y después se coma a sus propios descendientes recién nacidos? Aun en este caso, la serpiente se come solamente a aquellos cuyo término ha llegado a su fin, es decir, no a todas las crías. El pez que vive en el agua cae en las redes cuando ha llegado su fin; el pez pequeño es devorado por peces mayores y éstos a su vez son devorados por peces aún más grandes; ésta es la ley. La serpiente se come a las ranas y el pavo real engulle a la serpiente. Así es el juego. ¿Quién puede sondear las razones de esto? La verdad es que cada incidente es la decisión del Señor.

 

No podemos comprender el misterio de su juego. Hemos fallado en entenderlo, no tiene sentido ahora preocuparnos por nuestra falta. Con esa forma humana que nos engañaba, Él se movía entre nosotros, se mezcló con nosotros, creció entre nosotros, se comportó como si fuera nuestro pariente y benefactor, como nuestro amigo y guía, y nos preservó de muchas calamidades que intentaron destruirnos. Él derramó su divina compasión sobre nosotros y en forma notablemente simple nos resolvió los más difíciles problemas que desafiaban toda solución, durante todo este tiempo que Él estuvo cerca de nosotros y pudimos quererlo. Fuimos atrapados por el orgullo porque teníamos Su gracia; no tratamos de llenarnos con esa suprema alegría para sumergirnos profundamente en el flujo de Su gracia. Solamente buscamos de Él las victorias externas y los beneficios temporales, ignoramos el vasto tesoro con el cual pudimos haber llenado nuestros corazones. Nunca contemplamos su verdadera Realidad.

Él nos protegió como si nosotros cinco hubiéramos sido sus cinco aires vitales. Vino directamente para ayudarnos y nos condujo en cada una de nuestras obligaciones, y a pesar de lo pequeñas que eran, Él las realizó para nosotros. Hermanos, ¿qué más podría yo decir? Podremos nacer muchas veces, pero nunca tendremos de nuevo un amigo y pariente de tal naturaleza. Yo he recibido de Él un amor más intenso que el de una madre, un amor que ninguna madre puede brindar.

En muchas ocasiones soportó las cargas de los Pandavas como si fueran suyas. Para librarnos de molestias acostumbraba tomar medidas en minutos y aplicarlas hasta tener éxito. Nosotros, los Pandavas, hemos sobrevivido en este mundo actual debido al regalo de Su gracia. ¿Para qué repetir miles de cosas por separado? Cada gota de sangre que fluye por estas venas no es sino un fragmento de su amor, cada hueso y cartílago es una pieza de su misericordia. Incapaces de comprender este secreto, nos envanecimos de esto, alardeando 'Yo obtuve esto' y 'Yo logré esto'. Ahora se ha vuelto evidente que sin Él no somos sino bolsas de piel.

Por supuesto que el destino de todos los hombres es el mismo. Olvidan que el Omnisciente, Todogobernante, Todopoderoso, juega con ellos como marionetas; suponen que ellos son realmente los hacedores y los que disfrutan, y, al igual que yo, están hundidos en la ignorancia de la verdad fundamental. Si nosotros, que somos héroes y guerreros de gran fama, estamos en esta triste situación, ¿qué podemos decir de la gente ordinaria que no tiene oportunidad de despertar este Conocimiento?


TOMADO DE "EL BHAGAVATA" DE SAI BABA

 

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