
| por John Hislop |
n día, hace muchos años --el
primer año después de que Swami dejó de producir el Lingam en
público--, en Brindavan, nos dijo a una media docena de
nosotros: "Tengan sus carros listos para salir mañana por
la mañana", y viajamos temprano en la mañana hacia los
bosques de Bandapura, en Mysore. Ese es el lugar de las manadas
de elefantes salvajes y pensamos que veríamos la repetición de
un evento que había ocurrido algunos años atrás. Con un grupo
pequeño de devotos, Swami había ido a este bosque para mirar a
los elefantes salvajes. Habían llegado en carro a un gran claro
en el bosque y habían parado. Swami salió del carro y, casi
inmediatamente, del borde del bosque podían ver que salía un
elefante con grandes colmillos, el líder de una manada de
elefantes salvajes. Salió al claro y la manada lo siguió, y el
elefante hizo un gran sonido. Los que estaban cerca de los carros
se asustaron, y mucho, porque es peligroso tratar con los
elefantes salvajes. Así que dieron media vuelta y regresaron a
sus carros, dejando a Swami solo, al frente. Swami los miró y
dijo: "Qué ¡me dejan aquí, solo! No tengan miedo cuando
estoy con ustedes. Este gran elefante vendrá y me hará
namaskar". Y, así como lo dijo, ese elefante gigante
marchó hacia Swami, dobló las rodillas y tocó con la cabeza
los pies de Swami, y después se unió a la manada y regresaron
al bosque.
Caminamos un poco
tratando de ver una manada de elefantes salvajes, pero no tuvimos
éxito. Pasamos sobre un puente buscando un lugar para llevar a
cabo Shivarathri esa noche, y Swami señaló hacia el lecho seco
y arenoso del río y dijo: "Esto nos servirá".
Así que regresamos a eso de las 5:30 y los carros pararon al borde del camino y comenzamos a caminar hacia abajo, hasta el lecho del río. Cuando pasamos cerca de un pequeño arbusto, Swami quebró dos pequeñas ramitas como de pulgada y media de largo, las puso en forma de cruz, y me dijo: "¿Qué es esto, Hislop?". "Una cruz, Swami", respondí. Entonces Swami tomó las dos pequeñas ramitas en su mano y sopló largamente. Luego abrió su mano y ahí estaba el crucifijo que me entregó.
Lo miré con mucho interés y le dije: "Swami, ¿qué es ese hoyo en la cruz?". Swami dijo: "Eso es donde colgaron la cruz sobre una estaca", lo que es contrario a lo que sabemos de la historia. Entonces continuamos y tuvimos Shivarathri, que es otra historia en sí misma. Pero después de regresar a casa con la cruz, la señora Cowan quería vender fotos de la cruz, porque pensaba que los devotos querrían verla. Después de crear la cruz, Swami nos dijo: "Esta madera es de la cruz original sobre la cual Cristo fue crucificado". Y si miran a la cara verán que Swami hizo esta cruz después de que Cristo había muerto --es una cara de muerto--.
Así que un buen
fotógrafo vino a nuestra casa en Baja California a tomar las
fotos y las tomó; y regresó en dos semanas para enseñarnos los
resultados. Sobre la mesa del comedor, que es una habitación
grande con ventanas francesas mirando hacia el mar, habíamos
puesto el crucifijo mismo y estas fotografías que el fotógrafo
había tomado.
Todos estábamos mirándolas muy intensamente y pensando en Swami. Este era uno de esos días calmos de Baja California. No había viento, el cielo estaba totalmente despejado. Eran más o menos las 5 de la tarde. De repente, de ese cielo despejado vino el tremendo estampido de un trueno y un gran relámpago cruzó el cielo. Un gran viento azotó la casa, abrió todas las ventanas y golpeó las puertas. Así que estábamos algo sorprendidos y no sabíamos qué pensar, hasta que mi esposa dijo: "Me acuerdo, está en la Biblia".
Ella fue a traer la Biblia y encontró la página, y ahí decía: "En el momento en que Cristo murió vino una gran tormenta y hubo muchos rayos y truenos, y un gran viento azotó el templo, rasgando las cortinas". Entonces dijimos: "Esto debe ser una nueva representación de la muerte de Cristo". Así que cuando el Dr. Fanibunda me pidió que le hiciera un relato, yo incluí esto en el relato, que debía haber sido una recapitulación de la muerte de Cristo. Justo antes de que Fanibunda publicara el libro, Swami fue a su casa, y estaba viendo las pruebas del libro cuando leyó mi relato. "Sí, Hislop está en lo correcto. Eso es exactamente lo que fue, una recapitulación del momento de la muerte de Cristo".
O sea que hay un gran poder en esa cruz pequeñita. En otra ocasión, después de eso, algunas personas vinieron del norte de California para mirar el crucifijo. Lo estábamos viendo nuevamente sobre la mesa del comedor y esta vez dos grandes temblores sacudieron la casa, como si fuera un fuerte terremoto.
Salimos y vimos
que las otras casas no habían sido afectadas. No había
terremoto. Un par de años después fui a la India sin avisarle a
Swami, pero El estaba en Ootti. Estaba almorzando con algunos de
sus devotos en su residencia, cuando El dijo: "Hislop acaba
de llegar, me está esperando".
Entonces el gobernador de Goa le dijo a Swami: "Swami, entiendo que Tú hiciste un crucifijo para Hislop". Swami dijo: "Sí, lo hice, y cuando fui a buscar la madera del crucifijo, todas las partículas de esa madera se habían desintegrado y habían vuelto a los elementos". Entonces dijo: "Tuve que ir a los elementos, para encontrar las que habían constituido la cruz original y reconstruir la madera suficiente para hacer el crucifijo".
Swami además dijo: "Generalmente no interfiero con la Madre Naturaleza, pero ocasionalmente, por un devoto, hago una pequeña interferencia". Muchas preguntas habían surgido acerca de las protuberancias sobre la piel de Cristo, así que le pregunté a Swami qué eran, y dijo: "Son coágulos de sangre".
Dijo que no había ni un solo pequeño espacio de su cuerpo que no hubiera sido golpeado y dañado y, cuando la vida terminó, también paró la circulación. Pero dijo que Cristo no sufrió ningún dolor. Dios había cortado la cuerda que conecta el cuerpo con la conciencia.
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