Realizamos el siguiente reportaje a una persona que tuvo
varias experiencias directas sobre la omnipresencia y omnisciencia
de Sai Baba. Esta es una historia de devoción basada en la
perseverancia y la fe, protagonizada por la señora Mirta Ester
Oviedo, de 51 años, devota de Sai Baba y trabajadora activa del
Area de Servicio en el Centro Sathya Sai Baba de Uriarte, en
Buenos Aires, República Argentina.

SAI BABA MAGAZINE: Mirta, ¿cómo estás ahora?

MIRTA ESTER OVIEDO: Bien, muy bien. Gracias a que mi Babita está siempre cuidándome y ayudándome, siempre estoy bien. Todo lo que El me da, para mí es muy bueno. Cuando me toca pasar por cosas que no me gustan, también se lo agradezco a El, porque sé que eso es lo mejor para mí.

S.B.M.: ¿Cuánto hace que conocés a Sai Baba?

M.E.O.: Mirá, yo era alumna de Indra Devi en Hatha Yoga. Un día mi marido se fue de casa, decidió dejarnos a Abigail (su hija, ahora de 11 años) y a mí. Yo estaba muy preocupada por el sustento necesario para poder mantenernos. Indra Devi hacía un tiempo me había regalado un collar. Me concentré en ese collar y le pedí a Dios que me diera un mensaje, ¿qué debía hacer?

El mensaje no tardó en venir. El 12 de junio de 1991 llegó a mis manos el libro "Sai Baba y el Psiquiatra"; la misma Indra Devi me había recomendado que lo leyera. Lo compré en una librería de la zona céntrica. Ese mismo día y durante toda la noche lo leí.

El día 13 de junio de 1991 fui al Centro Sathya Sai Baba de Uriarte y a partir de ese momento sigo, hasta ahora, haciendo las prácticas que nos enseña nuestro Señor.

S.B.M.: Mirta, vos nos comentabas que tenés mucha comunicación con Sai Baba. ¿Cómo es eso, cómo te comunicás?

M.E.O.: Mirá, eso yo no lo sé decir con palabras. Pero te puedo dar algunos ejemplos. En esa época que yo estaba tan preocupada por tener los recursos necesarios para alimentar y educar a mi hijita, que tenía 6 años, tomé una foto de Sai Baba que había comprado en el Centro y le pedí que por favor me ayudara a encontrar trabajo, que era necesario que yo trabajara para poder criar a mi hijita. Los ojos de Sai Baba en la foto cambiaban permanentemente de color. Todavía lo sigue haciendo. Al día siguiente conseguí trabajo como empleada doméstica en casa de una familia que es muy buena conmigo. He mantenido, gracias a Baba, este trabajo hasta ahora. Esto me ha permitido alimentar y educar a mi hija dignamente. Era todo lo que yo le había pedido.

Mientras yo trabajo le canto al Señor, también le he hecho muchas canciones. Mi cabeza está todo el tiempo con El. (Abigail, que está presenciando el reportaje, asiente con la cabeza. Le indica a la mamá que cuente la experiencia de cuando ella era chiquita).

S.B.M.: ¿Qué fue lo que pasó con Abigail en esa época que nos describías?

M.E.O.: La niña comenzó a tener una alergia en la piel. Se brotaba toda. Era muy molesto y aparte la afectaba estéticamente. Yo empecé a frotarle todo el cuerpo con vibhuti varias veces por día. Cuanto más vibhuti le ponía, más fuertemente se brotaba. Por supuesto que aparecieron los que me decían que no le pusiera más, que eso la estaba afectando más, que la llevara al hospital. (Abigail interrumpe a la mamá y dice: "Yo sabía que Sai Baba me estaba curando y me gustaba que me pusieran vibhuti. Me picaba más, pero yo sabía que estaba curándome..."). Después de tres semanas de estar en esa situación Abigail se curó la alergia. Nunca más, hasta el día de hoy, volvió a tener algo así.

 

S.B.M.: Mirta, ¿por qué no nos contás tu última experiencia con Sai?, ¿te operaron?

M.E.O.: Hace cuatro años, en una de las clases de Hatha Yoga, después de un movimiento sentí un tirón muy fuerte en la espalda. Pasado un tiempo comenzó a dolerme muy seguido. Tocándome, y con la ayuda de otra persona, descubrí que se me había formado un bultito, como si fuera un huevito que se metía por debajo del omóplato.

Esta cosa que se me había metido en mi cuerpo comenzó a crecer, bastante rápido. Ultimamente me dolía mucho para trabajar, ya que mi trabajo es esencialmente físico. Decidí ir a un traumatólogo.

El médico me dijo que a él no le parecía nada óseo, por lo tanto recomendó que viera a un especialista.

Mientras esto ocurría, los dolores se hacían más y más fuertes. Mi único temor era no poder hacer mi trabajo. Yo no puedo faltar, primero porque es mi responsabilidad y luego porque si falto muchos días me los pueden descontar y necesito el dinero para mantener a Abigail y a mí misma. Por recomendación fui a un médico del Hospital Italiano. Comenzaron a hacerme unos estudios. Los médicos diagnosticaron que tenía un lipoma, que era un quiste de grasa, que no era grave pero deberían hacer estudios para saber si tenía algún problema óseo.

Se realizaron los estudios, radiografías y todas esas cosas y se determinó que no tenía nada en los huesos, que sólo era un quiste. Pero como había crecido mucho y los dolores eran más intensos, tenían que operarme y sacarlo. El médico me alentó, diciendo que era una operación simple, y que el pos-operatorio iba a durar 15 ó 20 días y no podría realizar movimientos. Esto para mí era terrible, muy grave. Apareció nuevamente toda la complejidad de la situación, cómo solventar los gastos de la casa, las clases que estaban por comenzar, etc.

S.B.M.: ¿Y qué pasó?

M.E.O.: Luego de los estudios me dieron fecha para la operación.

Una amiga me preguntó si quería que me hiciera masajes. Me concentré en la imagen de Sai Baba, como lo hago siempre, y le pedí que ella fuera un instrumento de El para aliviarme. Le dije que yo no podía dejar de trabajar tantos días. Le pedí que diera toda la fuerza de Su Amor a mi amiga para que esa clase de masajes me hiciera bien. Le dije que por lo menos, pudiera trabajar enseguida después de la operación.

S.B.M.: ¿Y te lo concedió?

M.E.O.: No de esa forma. Espera que te cuento. Los días posteriores a los masajes comencé a sentir una picazón en la zona donde tenía el bulto. Al tocarlo, sentía que cambiaba de lugar. Esto era en los últimos días de febrero de este año, después de Mahashivaratri (se refiere a la noche de adoración a Shiva, el aspecto transformador de Dios en la tradición hindú).

Tenía fecha de operación para el 5 de marzo a las 10 de la mañana. Aquí te dejo los papeles que me dieron confirmando lo que digo.

Llegó el día. Muy temprano a la mañana hice mis oraciones. Le pedí tanto a Baba que me permitiera reponerme de la operación enseguida para poder seguir trabajando y no tener que faltar, que ya estaba agotada.

Luego me encontré con Stella Maris y Liliana, ambas mis queridas compañeras del servicio que hacemos al Hogar de Ancianos San José desde el Centro Sathya Sai Baba de Uriarte cada quince días. Fuimos las tres hasta el Hospital Italiano.

Llegué hasta el lugar, me vieron los médicos y me indicaron por dónde pasar para que las enfermeras me prepararan. Todo el tiempo mi cabeza estaba puesta en Baba.

Me pusieron esa túnica característica para las operaciones, una cofia en la cabeza y me llevaron a la sala de operaciones. Después de revisarme varias veces, el médico que hablaba siempre conmigo me dijo que no iban a operarme. Yo lo miraba fijamente.

Estaba un poco nervioso para explicarme lo que finalmente me dijo: "No la podemos operar porque inexplicablemente el lipoma se deshizo, ya no hay quiste". El quiste, que en la visita anterior a los médicos había alcanzado un tamaño aproximado a los 5 centímetros de circunferencia, ya no estaba. Una de las compañeras se apartó para hablar con el doctor. A ella también le dijo que él no le podía decir por qué pero ya no estaba el quiste. Cuando se acercaron a mí, las tres nos miramos con picardía y complicidad, identificando plenamente al autor de semejante misterio.

S.B.M.: ¿Es decir que no te operaron? ¿Cómo estás ahora?

M.E.O.: No, por supuesto que no me operaron. Yo sólo le había pedido a Baba que hiciera algo para que no tuviera que dejar de trabajar muchos días. Yo no le había pedido algo y le había dicho qué es lo que debía hacer. El lo resolvió de esa forma que, por supuesto, es mucho más de lo que yo esperaba que hiciera. Ahora me encuentro muy bien. Desde ese día la picazón que venía teniendo desde que mi amiga me había hecho masajes se incrementó mucho. Es una picazón similar a la que se siente mientras una herida se cicatriza.

Desde ese famoso masaje hasta ahora siento la zona muy caliente en algunos momentos.

Yo siento que Baba me está curando. Me hice ver nuevamente y no tengo nada. Los dolores han desaparecido. Yo siento que El me curó cuando le pedí que mi amiga fuera Su instrumento. En el momento que empecé a sentir la presencia de Baba cuando el médico me comunicaba que no me podían operar, me acordé que El dice que cuando uno da un paso hacia El, El da diez pasos hacia nosotros.

¡Qué diez, El da mucho más! Yo siento que todo lo bueno o lo malo que me pasa es debido a El y esto me hace emocionar mucho porque es como si estuviera siempre conmigo. Cuando me emociono lloro, por eso a veces me llaman la llorona. Lo que ocurre es que sentir Su presencia me hace emocionar mucho.

S.B.M.: ¡Gracias Mirta por darnos este satsang (compartir experiencias espirituales) tan hermoso!

 

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