Como
ya explicáramos en nuestra edición anterior, utilizaremos esta
sección
para hacer conocer el contenido de diferentes libros.
En este número, dos nuevos libros.

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85 años bajo el
vigilante
ojo del Señor
por N. Kasturi
"En 1960 cuando pude poner a los pies de Baba la primera copia del libro 'Sathyam, Shivam, SundaramÕ, mamá estaba sentada entre las damas devotas en la sala de oración de Prashanti Nilayam. Aquella feliz ocasión describí cuán bendecido me sentía, puesto que mi madre que había luchado contra circunstancias difíciles para educarme en una escuela inglesa, estaba viva y presente para ser testigo de que su hijo llegara a tener esta buena suerte única. Su hijo había podido escribir en inglés la Biografía de lo Divino venido como Humano y ofrecer esa fragante flor a Sus Pies de Loto en su presencia. Baba me cogió por los hombros para hacerme levantar cuando derramaba lágrimas sobre Sus Pies y era incapaz de moverme. Mamá también estaba radiante tras un velo de lágrimas."
El Amor en Marcha: Un profesor de la Universidad de Arizona caracterizó a Baba como "Amor caminando sobre dos piernas".
Caminando o sentado, hablando o en silencio, Baba es Amor todo el tiempo para todos, en todo lugar. Su Amor es tan penetrante que observa y corrige el más leve lapso gramatical en nuestro lenguaje, la recurrencia de algún ínfimo manierismo en nuestros gestos o la más tenue intervención de orgullo en nuestra conducta. Una hora en Su presencia vale por muchas lecciones de buenas maneras, trato social y disciplina espiritual. Mi telegu continúa el proceso de pulimiento en Su Mano. Y también mi inglés está sometido a Su vigente enmienda y examen. El ha notado que a menudo, no respondo de inmediato con un gesto similar cuando alguien me saluda con un "namasthe" y las palmas unidas. Me advierte en contra de la tendencia a desarrollar monólogos cada vez que encuentro a una persona dispuesta a escuchar. Me aconseja sentarme derecho, sin encorvarme ni repantigarme. Observa las ropas e insiste en que tanto el dhoti como la camisa, deben estar igual e uniformemente inmaculados. Todavía (1985) no ha expresado satisfacción por mi estilo de llevar el dhoti, porque incluso el que El me regala, el dhoti de Calcuta de diez codos de largo y cincuenta y cuatro pulgadas de ancho, está más allá de mi talento vestimentario. Baba cita textos de las Escrituras para instruirme sobre el ritual de vestir un dhoti.
Los textos dicen que los brahmines (y sucede que yo lo soy) debieran usar el dhoti de manera que no queden a la vista los músculos de las pantorrillas. Mis pantorrillas tienen músculos irracionalmente marcados y salientes. En mi desesperación, a menudo he albergado planes para esconderlos en un par de pantalones, mas los sastres no han sancionado una tal impertinencia de sastrería. Y Baba no alienta a cambiar de vestimenta cuando se está en el medio de una corriente.
"Cuando un hombre ha proyectado una imagen de sí mismo como una expresión genuina de la cultura que ama y en la que vive, no debería mancharla ni teñirla cuando un capricho pasajero atrae su imaginación." Este es Su consejo: Hablando de hábitos, debo confesar que había desarrollado un patético apego a la imprecación de "idiota" desde mis días de escuela, cuando N. R. Subba Iyer, el profesor a quien adoraba, se solazaba usándolo en contra de cualquier Ram, Rahim o Richard.
Busqué imitarlo a él y la palabra se convirtió en una expresión inevitable para expresar todos los niveles de desagrado. Muchos lo tomaron equivocadamente por un signo de complejo de superioridad y se sentían heridos, naturalmente, cuando me refería así a sus amigos, aunque no era en absoluto un insulto cuando mi lengua lo dejaba escapar. Baba exorcizó este mal de mi vocabulario al castigarme un día con bastante dureza. "No hieras la autoestima de nadie, ya sea intencionalmente o sin intención", advirtió. Por Su Gracia, esta palabra desapareció de mi vocabulario. Baba no sólo ama, se preocupa.


por Ajtit N. Haksar
Un Milagro del Milagro del Amor: Un milagro muy especial del amor de Baba ha sido el de transformar a las personas en la Familia Sai en dínamos humanos autopropulsados del desinterés, el servicio y la dedicación, con un espíritu de trabajo digno de ser emulado, ciertamente en la India y, en verdad, en todo el mundo, de manera muy provechosa. No puede caber duda de que con la elevación de nuestros administradores y de los recursos humanos, nuestro país podría convertirse en el cielo en la tierra. Los administradores de la India podrían aprender más de este Milagro del Amor de lo que pueden extraer de cualquier otra fuente, para cumplir con sus sagradas obligaciones para con la patria, y, gracias a un tal servicio, hacer mejor para las organizaciones para las que trabajan, para encontrar un mayor reconocimiento y recompensa, juntamente con la satisfacción y contento para sí mismos.
Han dicho los hombres del mundo, y lo ha demostrado la historia, que un país es solamente tan bueno como su pueblo y los que lo gobiernan y administran sus asuntos, puesto que el pueblo es el mejor bien de cualquier nación u organización. De entre todas las creaciones de Dios, solamente el pueblo puede hacer que se produzcan cosas, y sólo él puede crear su propio cielo o infierno en la tierra, que beneficiará o hará sufrir a la sociedad. Puesto que los seres humanos son intrínsecamente buenos, por llevar en ellos una chispa divina y por haber sido creados a imagen de Dios para ser buenos, hacer el bien y difundir las bondad, necesitan que, en cuanto el más precioso don de Dios, se les dé la máxima prioridad.
Se dice que es necesario "apoyar al hombre delante del proyecto", puesto que el futuro descansa en las manos de la generación más joven y en los que están creciendo para ser los administradores de mañana. El potencial humano florece en la niñez, seguido por la educación correcta, la iniciación a la vida laboral, el adiestramiento, el desarrollo y el infundir la reverencia por los padres, el respeto por uno mismo, la confianza en uno mismo y una gran preocupación, motivadas por el amor por la patria.
La experiencia ha demostrado que las formas más efectivas para desarrollar a los seres humanos son las prácticas y las abiertas, como la guía en el lugar de aprendizaje o de trabajo, el hacer realmente la práctica, el compartir hombro con hombro y el trabajar juntos, el demostrar, el sentar ejemplo, el dar y agregar a la experiencia que, como dijera Swami Vivekananda, "es la única fuente del verdadero conocimiento". Esto se lleva a cabo a través de la empatía por la gente, las vibraciones que se crean y los mensajes implícitos que se comunican a través de la forma en que se conducen los administradores, las reglas del juego por las que se rigen sus creencias y actitudes y su comportamiento. Constituye un deber sagrado y una responsabilidad primordial para todos los administradores en cada elemento de la sociedad, el desarrollar el recurso humano, equipararlo y timonearlo hacia la senda correcta, teniendo que rendir cuentas por el número de personas que haya desarrollado para enriquecer el caudal humano del país. Existe evidencia acerca de padres incapaces de controlar a sus hijos, estudiantes indisciplinados, carencia de conciencia cívica, ausencia de cortesía, presencia de codicia, egoísmo y la endémica persecución solitaria de poder personal, fortuna y posición a costa del país y de su público.
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