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La Primavera es una comunidad rural de las afueras
de El Salvador, pero La Primavera también se ha convertido en el
símbolo de un nuevo tipo de colaboración: entre personas para
quienes la ayuda desinteresada es parte de su vida espiritual, y
gobiernos dispuestos a facilitar recursos que potencien estas
iniciativas. Por falta de recursos el gobierno salvadoreño descartaba el proyecto. Pero cuando la Organización Sai se ofreció para construir el gigantesco tanque, instalar la bomba y llevar la electricidad hasta ese pueblo rural "sin pedir nada a cambio más que la autorización para hacerlo", las autoridades sintieron que su última palabra podía ser reemplazada por un sí. No sólo le dieron luz verde, también consiguieron los kilómetros de tuberías de PVC necesarios para el proyecto.
El entusiasmo contagió a la Organización en todos los niveles. Un devoto, ingeniero de profesión, diseñó y supervisó la construcción de un tanque capaz de albergar más de 250 metros cúbicos de agua.
Además de involucrarse personalmente en las obras, muchos miembros reunieron fondos y contrataron a más de 100 obreros particulares.
Miembros de la comunidad y de la organización se integraron en turnos de 6 horas al frente de las mezcladoras de concreto. Y subieron millares de pesados baldes de concreto para la loza del tanque.
Terminada la instalación, dos padres de
la Iglesia Episcopal ofrecieron una misa de Acción de Gracia y
bendijeron el tanque, en cuya parte superior ya había sido
pintado el distintivo Om Sai Ram.
Mientras terminaban las obras y se preparaban para llevar en 1997 los programas de Valores Humanos a varias escuelas salvadoreñas, los integrantes de la Organización Sai también repartieron amor y pusieron en práctica las palabras de Swami a través de los siguientes servicios:
colaboraron en la construcción de la represa de agua cerca del campamento de Huisisilapa,
construyeron una casa para inválidos, con talleres y vivienda,
trabajaron con reclusas de 9 a 19 años del Centro Rosa Virginia,
coordinaron círculos de estudio semanales con inválidos
repartieron todos los fines de semana
alimentos en el Portal La Dalia, visitaron a los enfermos
internados en los hospitales La Divina Providencia y Rosales, y a
los ancianos de los asilos Sara, San Juan, Opico y Santa Tecla,
se sumaron a las obras de las hermanas de la orden local de la Madre Teresa de Calcuta,
realizaron círculos de estudio en la cárcel de Suntepeque,
llevaron alimentos a necesitados.
Desde que el agua potable fluye por las tuberías y llega a los moradores de La Primavera, la Organización también ha concretado otro "milagro" imprescindible: regularmente se asienta en la comunidad un campamento médico gratuito. Los devotos también están atentos a otras necesidades tan elementales como el agua.
Swami no necesita mejores palabras para hacerse presente.
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