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Señor está en todos los corazones, en las formas sutiles al igual
que en las densas. Es por eso que el que ha alcanzado el Conocimiento Supremo,
que ha tenido una visión del Atma que preside el reino interior, ya no
podrá más ser afectado por las tristezas y nunca será presa
de ellas. El Atma está en la hormiga y en el elefante, en el átomo
y en la atmósfera. Todas las cosas están saturadas de Dios.
El buscador del Atma debe apartar su atención del mundo exterior y dirigirla hacia el interior tratando de encontrar el origen de las agitaciones de la mente. A través de este proceso disminuirán las actividades de la mente, esas que los hacen dudar, discutir y dictaminar. A partir de este estado, el regocijo de ser uno con Dios mismo será permanente. A esto se le llama estabilizar el Ser-Conciencia-Bienaventuranza (Sat-Chit-Ananda) que nace de esa experiencia.
Un ser de tal naturaleza nunca será afectado por el gozo o la pena, aunque éstas sean muy grandes. Permanecerá sumergido en el océano de la Bienaventuranza del Atma, lleno de bendiciones, abstraído del mundo que le rodea y muy por encima y lejos de sus tentáculos. A esta disciplina se la denomina "el ejercicio siempre presente de la recordación de Dios", base de todo el Universo, orando en Su Forma Plena, hablando de Su Gloria, sintiéndose en Su Compañía y viviendo siempre en Su Presencia. Es también esta la razón por la cual las Escrituras dicen: "Los pensamientos dedicados sólo a El, la disertación consagrada sólo a El, la conversación centrada sólo en El. A esta experiencia unidireccional se refiere el sabio como la disciplina del Conocimiento".
Esta es la lección que enseña Krishna en el Gita: "Con su mente fija en Mí, hablando sólo de Mí, sobreviven porque toman su aliento vital de Mí; con esto solamente están contentos y felices".
La mente persigue los objetos exteriores, ya sea debido a la atracción de los sentidos o al engaño causado por la imposición o superposición de las cualidades de "permanencia" del mundo exterior. Por esta razón, la mente debe ser "regresada" una y otra vez para que siga el camino de su verdadera meta.
Al
principio el trabajo es duro; no obstante, con un adecuado entrenamiento, las
agitaciones podrán ser aquietadas mediante la repetición del OM.
El entrenamiento consiste en el control de los sentidos, de las emociones, de
los deseos, desarrollando fortaleza, fe y serenidad. Es decir, la mente será
controlada por los buenos consejos, las atracciones superiores, la abstracción
de los objetos sensoriales, la habilidad para sortear los altibajos de la fortuna,
la paciencia y la serenidad. Mediante tales disciplinas, la recalcitrante mente
podrá ser proyectada de manera lenta pero segura hacia la meditación
en Dios. Si al principio se le muestra la dulzura del canto devocional, la eficacia
de la oración y los efectos calmantes de la meditación, después
podrá ser conducida al cultivo de los buenos hábitos, buenas compañías
y buenas acciones. Cuando la meditación prosiga cada vez más dará
lugar a una agudeza cada vez mayor. Así, la mente será enjaulada
en la cavidad del corazón, resultando finalmente la experiencia de "nirvikalpa
samadhi", la ecuanimidad que es imperturbable.
Este samadhi es en realidad el conocimiento de Dios mismo, el conocimiento que concede la Liberación. Su disciplina consiste en tres ejercicios: la supresión de los deseos y apetencias, la eliminación de la mente y la comprensión de la Realidad, que deben ser cultivados uniformemente y con igual ardor porque, de otra manera, el éxito no se asomará, puesto que ninguno de los tres ejercicios es suficiente por sí sólo. Los instintos e impulsos (Vasanas) son demasiado fuertes como para poder ceder fácilmente; su influencia hace a los sentidos más activos y ambiciosos hasta que llegan a atar a la persona casi completamente. A fin de que la mente no pueda obtener el dominio sobre el hombre, se necesita desviar su atención hacia la sublimación y subyugación de los sentidos y las tentaciones detrás de las cuales corre. De este modo se desarrollará la autorrenunciación, el seguimiento inexorable de la razón y el discernimiento, y, cuando la mente sea finalmente vencida, el Conocimiento hará su aparición.
El aspirante espiritual tiene que estar siempre alerta porque los sentidos pueden regresar en cualquier momento, especialmente cuando él se mezcla con el mundo y lo mundano. La Verdad básica tiene que ser sostenida constantemente ante los ojos de la mente, las necesidades no deben ser multiplicadas, el tiempo no debe malgastarse, no, ni siquiera un minuto. El ansia de algo placentero hará surgir otro algo más placentero todavía; por eso, corten de raíz el deseo y conviértanse en maestro de ustedes mismos. La renunciación de los deseos los llevará más rápidamente al punto más alto de la Sabiduría.
La persona liberada no se verá afectada por el gozo o las aflicciones pues, ¿cómo podría algún suceso producir reacciones en quien ha derrotado la mente? Es la mente la que los hace "sentir". Cuando alguien ha tomado una droga que adormece la mente, no es sensible al dolor ni al gozo porque su cuerpo está en ese momento separado de su mente. Asimismo, cuando surge la Sabiduría, ésta aísla la mente y la mantiene lejos de todo contacto.
Por medio de una disciplina especial puede calmarse la turbulencia de la mente y, como resultado de ello, será posible conocer la Bienaventuranza del Atma, libre ya de ataduras. La mente atrae al hombre hacia afuera y le ofrece sólo gozos materiales y superficiales, pero el hombre sabio sabe que tales goces son fugaces para él; el Atma es suficiente para colmar todos sus deseos de alegría perfecta y permanente, así que no tiene necesidad del mundo externo.
El
sabio adquirirá también algunos poderes especiales debido a sus
resoluciones, impulsos y propósitos positivos y benévolos. Por
medio de dichas facultades podrá obtener cualquier cosa que desee. La
grandeza del estado de un sabio es verdaderamente indescriptible, está
más allá de la imaginación y de la misma naturaleza, esplendor
y magnificencia del Señor mismo, porque aquél se convierte en
el Dios que siempre ha sido. De ahí que con toda razón se afirme:
"El que conoce a Dios se vuelve él mismo Dios, obtiene la calidad de
Dios". Se le hace patente el hecho de que este mundo es irreal y que sólo
Dios es real, entonces todos los impulsos son destruidos y la ignorancia demolida.
La "joya" del Conocimiento ha sido robada por la mente, pero si ésta es aprisionada, aquélla podrá ser recuperada. La joya les confiere a ustedes el estado y la dignidad de Dios.
Las grandes almas que han ganado este Conocimiento del Atma merecen reverencia, ellos son santos porque han obtenido a Dios, el justo derecho de todos en este mundo sin importar el esfuerzo que hayan hecho por obtenerlo mediante austeridades. Dios es el reino que ellos buscan, el honor al cual aspiran y este es el gran misterio dilucidado por los Vedas, Upanishads y Sastras (Escrituras Sagradas). La resolución de este misterio es la llave de la Liberación y hace a la vida digna de vivirse.
Bhagavan Sri Sathya Sai Baba
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